SOBRE REALISMO
Dar el título de Realismo a una exposición puede dar lugar a muchas interpretaciones y reacciones, como
ocurre con cualquier palabra que lleve tan popular sufijo. Ante la exposición número doce ya, es oportuno
aclarar el por qué de este título y hacer alguna reflexión sobre lo que esta palabra nos puede o no ofrecer. A
este respecto, la pregunta interesante no debería ser en qué consiste el realismo, ya que para unos hará
referencia a movimientos artísticos más o menos identificables y para otros se tratará de un estilo expresivo
cuyas fronteras son bastantes difusas y que se entremezclan claramente con los de otras figuraciones e
ismos en función de las intencionalidades expresivas contenidas en la obra. He de aclarar que esta última, la
más genérica y referente al estilo expresivo, es la acepción que tengo en cuenta al referirme a este término.
La pregunta que muchos se siguen haciendo es si tiene hoy sentido el realismo, en este caso pictórico para
más señas, y si puede ofrecernos cosas que merezcan la pena desde el punto de vista artístico. La respuesta
es clara y contundente: sí. La pintura como medio expresivo en general y el realismo como estilo amplio y
genérico en particular tienen a priori las mismas posibilidades de expresar intencionalidades o de contener
significados que cualquier otro medio y/o estilo cuando menos.
Si algo preside el mundo del arte desde los años sesenta es la pluralidad. Como describe Arthur C. Danto
en su ensayo “El fin del arte”, el artista se libera de la dictadura de los cánones y teorías estéticas y es libre
para crear como quiera. Nos encontramos desde entonces en una posmodernidad sin un estilo ni verdad por
encima de los demás, en definitiva, en un mundo de artistas con tantos cánones, lenguajes, intencionalidades
y recursos expresivos como se quiera crear, sin que a priori uno sea mejor que otro. Andy Wharhol afirmaba
a este respecto que un artista no podía perderse la oportunidad de ser expresionista abstracto por la mañana,
realista al mediodía y pop por la noche. Nada en este aspecto ha cambiado desde entonces y vivimos en una
posmodernidad que tiene aspecto de eternizarse. Hace poco hablaba con un artista amigo sobre lo fascinante
que me parecía esa libertad, al menos desde el punto de vista teórico, para un creador, con todas las
posibilidades que alcanzara a concebir a su alcance. El me contestaba que, sin embargo, la responsabilidad
era mucho mayor. Probablemente es cierto, porque la libertad tiene su contrapartida, y ésta es la obligación
de ir más allá del mero ejercicio técnico. En el caso del realismo ya no vale con hacer un alarde de recursos,
sino de ponerlos al servicio de algo mucho más importante. La realidad debe ser una excusa, un medio para
hablar de otra cosa más allá, que la trascienda. Lo que nunca debe ser es un fin en sí misma, eso pasó y lo
artístico se volvió común.

